
La idea de una cuenta de empresa con subcuentas es sencilla. Imagina tu cuenta principal como el punto central de todos los ingresos. Desde ahí repartes tu dinero, manual o automáticamente, en distintos apartados. Así separas fácilmente los costes fijos del presupuesto para nuevas inversiones.
Ahorras un tiempo valioso, sobre todo en contabilidad, porque asignas las transacciones directamente en origen. Ves de un vistazo cuánto has gastado en cada área. Y a final de mes no queda ningún justificante por ordenar. Esa transparencia te protege de sorpresas desagradables, como impuestos inesperados.


















